CUÉNTALE A TODOS
Por: Licda. Betty de Herrera
Nabucodonosor, rey de Babilonia, fue un hombre poderoso y arrogante que mandó construir una estatua para que todos la adoraran. Dios le dio un sueño donde veía un gran árbol que era derribado, pero sus raíces quedaban intactas. Daniel interpretó el sueño y le advirtió que perdería la cordura por su orgullo, viviendo como un animal hasta reconocer que el Altísimo tiene dominio sobre los hombres (Daniel 4:20-25).
Daniel también le aconsejó: “Tus pecados redime con justicia, y tus iniquidades haciendo misericordias para con los oprimidos…” (Daniel 4:27). Pero el rey ignoró el consejo y dijo: “¿No es esta la gran Babilonia que yo edifiqué…?” (Daniel 4:30). En ese momento perdió la razón. Tiempo después, alzó sus ojos al cielo, recuperó la cordura y glorificó a Dios.
Reflexionemos
Nabucodonosor reconoció la grandeza del Señor: “Conviene que yo declare las señales y milagros que el Dios Altísimo ha hecho conmigo” (Daniel 4:2). Fue humillado, pero no dudó en contar lo que Dios hizo por él. ¿Nosotras contamos las maravillas que Dios ha hecho en nuestra vida? No se trata de hablar de nuestro pasado, sino de declarar que Él es justo, bueno y misericordioso.
Romanos 1:16 dice: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree”. Que nuestra vida declare Su poder: cuando enfrentemos tentación, enojo o pruebas, mostremos que Él ha hecho un cambio en nosotras.
Para terminar, no es necesario detallar lo que vivimos, sino contar que un día estábamos sin esperanza y nos encontramos con Él. Ahora tenemos gozo, fuerza y propósito: hacer Su voluntad y glorificarlo. Tenemos esperanza que no avergüenza, porque Él es fiel y prometió regresar por Su pueblo.
Anímate y cuéntale a todos las maravillas que Dios ha hecho contigo. ![]()
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