EL PROPÓSITO DE DIOS
Eventualmente todos nos preguntamos: ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué estoy haciendo? ¿Qué debo estar haciendo? ¿Por qué me creó Dios? ¿Qué quiere Dios conmigo?
Tal vez la mayoría de los seres humanos responde con conceptos como, “Vivir una vida feliz y tranquila” o “Tener una familia bonita.” Algunos más atrevidos dirían, “Ganar mucho dinero”, “Ser famoso”, “Ser poderoso”, “Lograr experimentar grandes logros o aventuras”; etc.
Desde la perspectiva de la evolución, la vida del hombre no es mejor que la de una cucaracha o la grama que crece en el jardín. Son nada más que diferentes resultados del proceso de la evolución.
En este caso, el hombre no tiene más propósito que vivir, reproducirse y morir bajo el concepto de la sobrevivencia de los más aptos, o de los más capaces. Biológicamente hablando (según la evolución), el hombre es sencillamente un animal bien adaptado a su ambiente.
Obviamente esta perspectiva elimina a Dios, la moralidad, la ética, la vida eterna y todo lo que es sublime en la vida. Sin Dios, sin un propósito mayor que sólo funciones biológicas, el hombre, el ser humano, está en una situación desesperada: Ni él, ni el universo tienen propósito.
Pero, gracias a Dios, el hombre no es un producto de la evolución. Es una creación de Dios, hecho a su imagen y semejanza. Dice el Salmos 139:14-16 (leer esta escritura), de estos versículos vemos que Dios sí nos hizo a propósito y con un propósito.
¿SI DIOS ESCRIBIÓ LOS DÍAS DE NUESTRA VIDA EN SU LIBRO?, ¿CUÁL ES EL PROPÓSITO DE ELLA?
Efesios 2:10 dice, “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”.
En resumen, no podemos depender, de nuestras propias ideas, de qué debemos hacer con nuestra vida. No es suficiente ser buena gente, tener una familia amorosa y bien ordenada, ayudar a los otros, de ser ciudadano responsable. El trabajo nuestro es descubrir lo que Dios quiere que hagamos y hacerlo con ánimo pronto.
Mateo 5:14-16 dice, “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad situada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.
Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.
Aquí tenemos el porqué de las buenas obras. Son para glorificar a nuestro Dios y Padre.
A la luz de estas escrituras la única senda correcta para el ser humano, es dejar todos los propósitos menores a un lado: la realización personal, la familia bonita, las riquezas, hasta hacer muchas cosas en la congregación. El único propósito que vale es poner su vida en las manos de Dios y decir, “Hazme instrumento de tu gloria”. Quien pierde su vida por causa de Cristo, va a encontrar una vida más allá de sus más grandes expectativas.
Para terminar, la promesa de Jesús está en Marcos 10:28-30, y nos ayudará a entender nuestro propósito y el propósito que ÉL tiene para nosotras, porque, CUANDO HACEMOS DEL PROPÓSITO DE DIOS, EL PROPÓSITO PARA NUESTRA VIDA, ENTONCES TODO –absolutamente todo—SALDRÁ BIEN. ¡AMÉN!
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