SE VALE SENTIR ANGUSTIA

SE VALE SENTIR ANGUSTIA

Por: Licda. Loyda Hernández

A veces pensamos que, por ser hijas de Dios o servirle, no experimentaremos angustia, dolor o llanto. Pero todas pasamos momentos de tristeza, debilidad y quebranto. Sentir angustia no significa falta de fe, significa que nos duele profundamente.

➡ 1. Somos vulnerables / Se vale sentir angustia

Nuestra condición humana es frágil. “Tenemos este tesoro en vasos de barro…” (2 Corintios 4:7). La vulnerabilidad no invalida el tesoro que Dios puso en nosotras. Él nos dio emociones y sentimientos, y en esos momentos podemos llorar, pedir ayuda y expresar nuestro dolor, porque en nuestra debilidad Su amor y misericordia nos sostienen.

➡ 2. Al experimentar angustia debemos acercarnos más a Dios

Cuando sentimos que no podemos más, Dios usa aún las circunstancias dolorosas para fortalecer nuestra fe y enseñarnos a depender de Él. Con el corazón quebrado podemos buscarlo, y Él no nos soltará porque es quien nos sostiene y restaura.

➡3. Lo que no se vale es quedarnos atrapadas en la angustia

La angustia es real, podemos llorar y lamentarnos, pero no debemos permitir que gobierne nuestro corazón ni robe la paz que Cristo nos da. “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7).

Para terminar, ser cristianas no significa que no sufriremos, sino que sabemos a quién acudir cuando sufrimos. El Señor prometió estar con nosotras todos los días. Nada es eterno, ninguna situación dura para siempre; lo único eterno es Su Palabra y Su amor. Aunque nos quebremos, en Él siempre hay esperanza y vida. Con Él todo lo podemos, porque Él renueva nuestras fuerzas y nos recuerda que nos ama hasta la eternidad.

Oremos, Padre, perdónanos por pensar que no podemos mostrar nuestro dolor. Gracias porque nos amas como estamos y siempre estás dispuesto a reconstruirnos y perfeccionar tu obra en nosotras. Amén.

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CIUDADANOS DE ORO

CIUDADANOS DE ORO

Por: M.A. Eunice Sabaján de Calderón

El concepto “Ciudadano de oro” destaca la importancia de los adultos mayores como portadores de sabiduría y experiencia, esenciales en la transmisión de valores culturales y sociales. El adulto mayor es toda persona de 60 años o más, una etapa asociada a la jubilación y al reconocimiento de su legado.

1. Etapas cronológicas del adulto mayor

La OMS (Organización Mundial de la Salud, 2020) clasifica tres etapas:

Anciano joven (60-74 años): activos, con buena autonomía; necesitan hábitos saludables y participación social.

Anciano (75-89 años): mayor fragilidad; requieren atención médica, seguridad y apoyo emocional.

Anciano longevo (90 años o más): alta dependencia; necesitan cuidados integrales, apoyo familiar y acompañamiento espiritual.

Cada etapa refleja distintas necesidades, pero todas merecen respeto, atención y dignidad.

2. La importancia del adulto mayor en cada país

Las leyes buscan dignificar a los adultos mayores y proteger sus derechos. En Guatemala, la Constitución y la Ley de Protección para las Personas de la Tercera Edad garantizan salud, alimentación y seguridad social. Los adultos mayores son pilares del país: transmiten tradiciones, fortalecen el tejido social y aportan experiencia, consejo y amor.

3. Lo que dice la Biblia sobre los ancianos

La Palabra de Dios ordena honrarlos y reconocer su sabiduría:

Levítico 19:32: “Cuando estén ante un anciano… muestren respeto y pónganse de pie.”

Job 12:12: “Los que han vivido muchos años captan la sabiduría y el entendimiento.”

Tito 2:2-3: Los mayores deben ser ejemplo de fe, amor y paciencia.

1 Timoteo 5:1-2: Trátalos como padres y madres, con respeto y dignidad.

Para finalizar, los ciudadanos de oro ocupan un lugar especial en la familia y la iglesia. No son una carga, sino portadores de sabiduría, fe y dignidad. En Cristo podemos transformar la sociedad y dignificar su labor, honrándolos como pilares de amor y enseñanza.

Dios te bendiga🤗💜

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CUÉNTALE A TODOS

CUÉNTALE A TODOS

Por: Licda. Betty de Herrera

Nabucodonosor, rey de Babilonia, fue un hombre poderoso y arrogante que mandó construir una estatua para que todos la adoraran. Dios le dio un sueño donde veía un gran árbol que era derribado, pero sus raíces quedaban intactas. Daniel interpretó el sueño y le advirtió que perdería la cordura por su orgullo, viviendo como un animal hasta reconocer que el Altísimo tiene dominio sobre los hombres (Daniel 4:20-25).

Daniel también le aconsejó: “Tus pecados redime con justicia, y tus iniquidades haciendo misericordias para con los oprimidos…” (Daniel 4:27). Pero el rey ignoró el consejo y dijo: “¿No es esta la gran Babilonia que yo edifiqué…?” (Daniel 4:30). En ese momento perdió la razón. Tiempo después, alzó sus ojos al cielo, recuperó la cordura y glorificó a Dios.

Reflexionemos

Nabucodonosor reconoció la grandeza del Señor: “Conviene que yo declare las señales y milagros que el Dios Altísimo ha hecho conmigo” (Daniel 4:2). Fue humillado, pero no dudó en contar lo que Dios hizo por él. ¿Nosotras contamos las maravillas que Dios ha hecho en nuestra vida? No se trata de hablar de nuestro pasado, sino de declarar que Él es justo, bueno y misericordioso.

Romanos 1:16 dice: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree”. Que nuestra vida declare Su poder: cuando enfrentemos tentación, enojo o pruebas, mostremos que Él ha hecho un cambio en nosotras.

Para terminar, no es necesario detallar lo que vivimos, sino contar que un día estábamos sin esperanza y nos encontramos con Él. Ahora tenemos gozo, fuerza y propósito: hacer Su voluntad y glorificarlo. Tenemos esperanza que no avergüenza, porque Él es fiel y prometió regresar por Su pueblo.

Anímate y cuéntale a todos las maravillas que Dios ha hecho contigo. 📣💜🤗

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LA BONDAD

LA BONDAD

Por: Marilú de Girón

Vivimos en un mundo mecanizado, rodeado de máquinas y tecnología, pero aún necesitamos el toque humano: un abrazo, una palabra amable, alguien que muestre interés genuino. Aunque los sistemas automatizados son útiles, no sustituyen el valor del contacto humano.

1. La bondad

Es la inclinación natural a hacer el bien. Una persona bondadosa ayuda, muestra compasión y mantiene una actitud amable y generosa. La bondad es atributo de Dios:

Salmos 31:19: “¡Cuán grande es tu bondad…!”

Efesios 4:32: “Sean bondadosos y compasivos unos con otros…”

Proverbios 11:17: “El que hace bien a otros se beneficia a sí mismo…”

Dios guarda Su bondad para quienes le temen y nos anima a reflejarla en nuestras acciones. Jesús es nuestro ejemplo: buscó al necesitado, los escuchó, los tocó y los trató con amor, incluso dio Su vida por nosotras (Juan 3:16).

2. La bondad nos hace mejores

Proverbios 19:17: “A Jehová presta el que da al pobre, Y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar”. La bondad no debe practicarse esperando recompensa inmediata, sino como hábito constante, confiando en que Dios retribuirá en Su tiempo. Así encontramos prosperidad y bendición.

3. ¿Cómo desarrollamos bondad en nuestra vida?

Efesios 4:32 nos anima a ser bondadosos y compasivos. La bondad es fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5:22). Para desarrollarla:

Ser compasivas con nosotras mismas, amándonos primero.

Tener interés genuino por los demás.

Prestar ayuda de manera que preserve la dignidad de quienes la reciben.

Para finalizar, esta reflexión. La bondad no es solo hacer cosas buenas, es reflejar el corazón de Dios en cómo tratamos a los demás. Es dar lo que recibimos de Él y vivir cada día mostrando Su amor.

¡Dios te bendiga! 🤗💜

IGUAL QUE TÚ

IGUAL QUE TÚ

Por: Mariflory Rios

Muchas veces las mujeres se comparan, se juzgan o piensan que nadie puede entender lo que viven. Pero la Palabra de Dios nos llama a aceptarnos, edificarnos y acompañarnos, confiando en que Su voluntad es buena, agradable y perfecta. Detrás de cada mujer hay luchas, sueños, pérdidas y procesos ocultos. Todas necesitamos la gracia y el poder de Dios para seguir adelante. Gálatas 6:2 nos exhorta: “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo”.

1. Igual que tú, alguien también llora

Nadie está exento del sufrimiento (1 Pedro 5:9). Mujeres fuertes y temerosas de Dios también han llorado en privado. Ejemplo: Luba Tryszynska, “El Ángel de Bergen-Belsen”, perdió a su familia en el Holocausto, pero cuidó a 54 niños, de los cuales 52 sobrevivieron. Su dolor la convirtió en consuelo para otros. 2 Corintios 1:3-4 nos recuerda que Dios nos consuela para consolar a otros.

2. Igual que tú, todas necesitamos el perdón y la gracia de Dios

Ninguna es perfecta. Efesios 2:8-9: “Por gracia sois salvos por medio de la fe…”. Dios nos perdona constantemente, y debemos ser compasivas y dispuestas a perdonar. Mateo 6:12-13 y Filipenses 2:3 nos llaman a vivir sin egoísmo, con humildad y restaurando vidas.

3. Igual que tú, todas estamos en un proceso

Dios no ha terminado Su obra en nosotras. Noemí dijo: “No me llaméis Noemí, sino Mara” (Rut 1:20), pero Dios tenía el control. Filipenses 1:6: “El que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando…”. Recordar que otras mujeres también están en proceso nos ayuda a ser pacientes y empáticas, acompañando y orando unas por otras.

Mujer, no menosprecies tu historia: puede ser el mensaje que otra necesita. Una mujer fortalecida en Dios confía en Sus promesas y decide convertirse en refugio para otros. Compartir con mujeres sabias nos permite recibir consejo y ánimo. 1 Tesalonicenses 5:11: “Anímense y edifíquense unos a otros, tal como lo vienen haciendo”.

Dios te bendiga 💜🤗

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