COMO LA LUZ DE LA AURORA

 COMO LA LUZ DE LA AURORA
 
Con la primera luz del día, la vida de las personas y de la ciudad generalmente se activa, todo a nuestro alrededor empieza a tener movimiento, algunos pájaros empiezan a cantar, el ruido de los automóviles, fábricas, etc., se escucha por todos lados mientras el sol va mostrando más su luz y algunas horas del día nos parecen iguales, vamos de un lado a otro haciendo casi siempre lo que hacemos todos los días, si nos podemos detener a meditar nos daremos cuenta que bastaron unos pocos segundos para que la situación cambiara, de la tranquilidad de la noche, al bullicio del día.
Así transcurre la vida de los seres humanos, empieza el día con los primeros rayos del sol y luego termina cuando ya la noche o la luna está presente. Nuestra vida debe crecer y no estancarse. Meditemos en lo siguiente:
Proverbios 4:18: “El camino de los justos es como la primera luz del amanecer, que brilla cada vez más hasta que el día alcanza todo su esplendor”. (NTV)
Podemos definir que Justo es la persona que tiene una conducta recta, (íntegra, de honradez) que se ajusta a las condiciones de una relación determinada.
La Biblia en diferentes versículos hace mención de hombres justos, Noé, Juan, José de Arimatea, José el esposo de María, entre otros.
 
a. Nos convertimos en justos porque reconocemos lo que Jesús hizo en nuestra vida, nos arrepentimos de nuestros pecados, pedimos perdón y aceptamos que Él pagó en la cruz por esos pecados. Esto nos hace justos, nos convertimos en una persona justa que empieza su vida espiritual.
 
 
Un justo que inicia el proceso de crecer en la vida cristiana cambia de conducta, o por lo menos eso esperamos, nuestra vida se somete a la voluntad de Dios y mientras le conocemos y hacemos Su voluntad nuestra vida se va transformando, de ésta manera si tiraba basura en la calle, ya no lo hago, si era irrespetuosa, ahora ya no, si practicaba la murmuración, dejo de hacerlo, etc. etc.
 
b. Nos vamos desarrollando como una mujer o un hombre justo, en la medida en que conocemos la Palabra de Dios y la ponemos en práctica.
 
La persona justa, tiene que ser una persona que entiende que al reconocer a Jesús, su vida entra en un proceso de parecerse a Él, en su forma de pensar, ser y hacer, porque la persona que se va desarrollando como justa se somete al proceso y entiende que si se sale del proceso, puede arruinar el producto final o lo que espera Dios de nosotras.
 
Podemos ser justas, y comenzar a brillar, pero es importante que nuestra luz vaya creciendo, vaya aumentando, no podemos quedarnos con una luz débil de 5 vatios, poco a poco en nuestra vida vamos a alumbrar más, pues el propósito de Dios es que lo hagamos. Él quiere que nuestra luz crezca que tengamos 10 vatios, 15 vatios, 20 vatios, 100 vatios.
 
La única forma de incrementar esa luz, porque ya somos justas, es conociendo la Palabra de Dios y poniéndola en práctica, eso va provocando que crezcamos como justas y al crecer, no sólo alcanzamos las bendiciones de Dios, sino que nos convertimos en bendición para las demás, nos convertimos en un instrumento cada vez más útil al Señor.
 
Hebreos 10:38 dice: “Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma”.
Como conclusión, el fin de la vida del justo, es la luz de la aurora, la plenitud del día, COMO EL SOL AL MEDIO DÍA, EN TODO SU ESPLENDOR, CON TODO SU BRILLO, y su recompensa, es llegar a la presencia del Señor el día que cerremos nuestros ojos, ese día, la Biblia dice que vamos a ser como hemos sido conocidos, dice también que ya no habrá más lágrimas, ni más llanto ni más dolor y dice que pasaremos de lo corruptible a lo incorruptible, el proceso terminó, ese día vamos a entrar en el tiempo de Dios y vamos a gozar de la presencia de Dios para siempre.
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NO TIRES LA TOALLA

no tires la toalla

Esta expresión proviene del mundo del boxeo y se usa cuando el boxeador ya no puede más y se da por vencido, las reglas dicen que su entrenador debe arrojar una toalla al ring, lo cual significa que abandona el combate. (Google)

Muchas personas usamos esta expresión, nos cansamos del trabajo diario y una salida rápida a nuestra responsabilidad es “tirar la toalla”. Es lamentable que entre los cristianos también se haga así, nos comprometemos a realizar algo y cuando las condiciones no son las que deseamos o esperamos, tiramos la toalla. Veamos la siguiente comparación:

En la vida diaria nosotras somos como boxeadores, nos enfrentamos a diferentes situaciones en las que debemos pelear, cuando recibimos a Jesús en nuestro corazón y nos disponemos a obedecerlo, Él se convierte en nuestro entrenador y nosotras en sus boxeadoras. Como boxeadoras nosotras debemos obedecer las instrucciones para no ser vencidas en la pelea, pues Él conoce a nuestro enemigo.

El apóstol Pablo dice en 1 Corintios 9:24-27 26 Así que yo no corro como quien no tiene meta; no lucho como quien da golpes al aire. 27 Más bien, golpeo mi cuerpo y lo domino, no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo quede descalificado”. (NVI)

El lema que se menciona generalmente en las competencias “lo importante no es ganar, sino participar”, queda fuera aquí, porque en nuestra pelea “lo importante es participar y ganar”, debemos esforzarnos por mantenernos en esta pelea y no sólo participar, el versículo  24b nos dice: “Corred de tal manera que lo obtengáis”.

En los Juegos Olímpicos, vemos a deportistas obtener medallas por haber ganado alguna competencia, para llegar ahí ellos debieron entrenar muy duro, levantarse de madrugada, tener dietas especiales, permanecer encerrados entrenando, etc, etc. duros entrenamientos para obtener, si lo logran, una medalla de bronce, de plata o de oro.

Dios a través de Su Palabra nos instruye, nos capacita y nos hace aptas para la pelea, costumbres, hábitos, motivaciones deben ser cambiados, si mentía, ya no debo mentir, si robaba, ya no debo robar, si participaba en chisme, ahora ya no, etc. Poco a poco mi conducta debe ir pareciéndose más a Jesús, mi maestro.

Nuestra meta debe ser correr para ganar, pelear la batalla con nuestro propósito en mente, esforzándome en ser ejemplo para los demás, mostrando que estoy en el proceso de parecerme a Jesús.

Salmos 23 inicia diciendo: “Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará….”

Por otro lado, Jesús no tira la toalla cuando nosotros le fallamos, Él espera que nos arrepintamos y sigamos adelante.

La Biblia dice: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”. 2 Pedro 3:9

Al igual que Jesús, nosotras debemos mantener la vista fija en el premio que está preparado, la carrera o la constante pelea puede parecer larga y es necesario que perseveremos hasta el fin y obtener el premio de la vida eterna, es importante tener convicción en lo que hemos creído para que nada ni nadie nos distraiga de ese premio, y al final poder decir como el apóstol Pablo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida”. 2 Timoteo 4:7-8

En conclusión, alguien hizo el comentario: “Si vas a tirar la toalla que sea porque ya te secaste la frente para seguir luchando”. Debemos meditar en ello, porque nuestra lucha es a ganar, nosotras no debemos Tirar la Toalla en nuestro llamado, aunque parezca que no es mucho lo que hacemos o muy pequeño, son las obras que Dios ha preparado para que hagamos y debemos hacerlas con excelencia, no dejando nada a medias aunque estemos cansadas y mientras las hacemos y cumplimos con la voluntad de Dios, Él está trabajando en nosotras, en nuestra familia, en nuestro carácter, en nuestra debilidad, en nuestra fortaleza, entre otros.

Isaías 40:29-31 “El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. 30 Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen;

31 pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.”

CONVERTIDAS DEL SER AL HACER

La mayoría de personas siempre están deseando y buscando tener o representar valor delante de los demás, y eso les lleva a esforzarse por hacer diferentes cosas para poder lograr la aprobación de las demás personas de su entorno.

Lamentablemente somos muchas las mujeres que hacemos estos intentos sin darnos cuenta que no es tan importante el hacer (lo que hagamos) sino que la importancia radica en el ser interno de la mujer, es decir en lo que hay en su interior, (lo que somos).

Tenemos que reconocer primero que hay un principio de principios: El fundamento principal y pilar de toda sabiduría consiste en saber que hay un Ser Supremo, DIOS, en quien se origina TODO, pues Él es quien hizo ser a todo lo que existe.

En Mateo 28:19-20 (léelo) el llamado que Jesús está haciendo en estos versículos es hacer discípulos, no convertidos, ni creyentes. Para que logremos alcanzar este objetivo, primero, debemos ser enseñadas para llegar a SER como Jesús. Esto solamente se logra aplicándonos en conocer y aprender, y permitiendo que nos enseñen todas las cosas que Jesús nos mandó HACER.

 Cuando Jesús el Maestro de la humanidad le dice a sus discípulos “vayan y hagan discípulos”, les está dando el fundamento de cómo debían ser los discípulos dentro de Sí mismos: debían ser personas que hicieran TODO aquello que Jesús les había ENEÑADO Y  MANDADO.

En Eclesiastés 3:1 dice: Hay un tiempo señalado para todo, y hay un tiempo para cada suceso bajo el cielo”. (Biblia de Las Américas)

En la vida de toda persona existe un tiempo en que no conoce a su Salvador, otro tiempo en que cree para ser salvo, el tiempo en que se convierte en un creyente, y un tiempo que de creyente debe crecer para SER discípulo, es este un tiempo en el que adquirirá las herramientas que le capacitaran para HACER todo lo que Él le ha mandado.

El nuevo nacimiento, ser salva, tener el Espíritu de sabiduría y revelación, reconciliada por medio de la cruz, aprender a amar a Dios, a conocer sus mandatos y obedecerlos, entender la nueva vida en Cristo y cómo deben de vivir los hijos amados de Dios por el Espíritu que es en toda bondad, justicia y verdad (Efesios 5:1-20):

  • siendo imitadora de Cristo, ser amorosa, ser santa, ser agradecida, ser verdadera, ser hija obediente, ser luz, ser justa, ser bondadosa, ser una mujer que denuncie el pecado, ser activa, ser puntual, ser entendida, ser sobria.

Es importante comprender que para Dios es fundamental lo que hacemos con el conocimiento y la relación que tenemos con Él, así como, lo que hacemos para Él. Estas dos palabras: con y para, determinará nuestro entendimiento con respecto al SER y el HACER.

Como conclusión, nuestro SER debe estar discipulado como hijas de Dios y dispuestas a Hacer; y lo que nos da el fundamento en la vida es el SER en Dios, es decir, el sabernos hijas de Dios, a través de Cristo y preparadas para cumplir con el llamado que Él nos hace.

Esto es lo único que nos puede dar el valor que tanto buscamos, no las cosas, no las riquezas, ni la pobreza, ni las instituciones, ni siquiera nuestros seres queridos.

No se puede dar lo que no se ha recibido, por lo tanto el llamado inicial es SER y luego HACER.

 

convertidas del ser al hacer

SÍ, SÍ; NO, NO

sisinono

 

“La mayoría de nuestros problemas son decir “sí” demasiado rápido y “no” demasiado tarde”.

  (Pensamiento Anónimo)

Leamos Mateo 5:37 “Antes bien, sea vuestro hablar: “Sí, sí” o “No, no”; y lo que es más de esto, procede del mal”.  Biblia de Las Américas. (LBLA)

¿Qué dice Jesús acerca de esto? en este versículo el valor radical que deben tener nuestras palabras. Que debemos responder como si estuviéramos bajo juramento.

En el mundo se refleja que las personas cambian o pasan con facilidad del “sí”  al “no”, o al contrario.   ¿Te ha sucedido que te han prometido algo y no cumplen? Nos dicen que harán algo y luego no lo cumplen.   Al pasarnos esto, la confiabilidad y la credibilidad en esta persona se pierde.

Nuestras palabras deben tener valor principalmente para  nosotras mismas y luego para los demás. Nosotras, como cristianas, tenemos que ser DIFERENTES. Tenemos que ser definidas y pensar muy claramente qué es lo que vamos a contestar ante lo que nos piden. Si vas a dar un “si” o vas a dar un “no”, es importante que lo hagas con plena convicción de que eso es lo que vas a hacer.

Antes de responder a una petición o una pregunta, tu boca debe estar perfectamente conectada con tu mente para no decir algo que no vas a cumplir después.

Veamos un ejemplo del Apóstol Pablo en 2 Corintios 1:15-19 dice: “Seguro de esto, quise antes que nada ir a visitarlos, para que tuvieran una doble bendición; 16 es decir, quise visitarlos de camino a Macedonia, y visitarlos nuevamente a mi regreso, para que me ayudaran a continuar mi viaje a Judea. 17 Cuando quise hacer esto, ¿fue acaso algo decidido a la ligera? ¿Acaso lo que pienso hacer, lo pienso como toda la gente, que está lista para decir «Sí» y «No» al mismo tiempo? 18 Dios es testigo fiel de que nosotros no les decimos a ustedes «Sí» y «No» al mismo tiempo. 19 Porque Jesucristo, el Hijo de Dios, que Silvano, Timoteo y yo les hemos predicado, no ha sido «Sí» y «No»; sino que siempre ha sido «Sí» en él.”  RVC

El apóstol Pablo estaba afirmando aquí que no decía las cosas como si fuera inconstante, desleal o vacilante, él no decía ni hacía las cosas a la ligera. Pablo también nos anima a ser personas que cumplimos con los compromisos que hacemos, como personas dignas de confianza.

Cada una de nosotras debe conocer la capacidad que posee para cumplir con sus compromisos. ¿Te has ofrecido entregar algo que urgía pero no cumpliste? ¿Devolver un libro, dinero que debías, etc. y luego te justificas con cualquier excusa? La Biblia nos anima a que no seamos ligeros, imprudentes, para comprometernos. El sabio Salomón nos dice, en cuanto a las promesas que hacemos a Dios, que no las hagamos si no vamos a cumplirlas porque, ¿cómo podemos cumplirle a Dios que no vemos, si a los que vemos no les cumplimos?

Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas”. Eclesiastés 5:5

Preguntémonos: ¿Aprenderán las personas el mensaje del evangelio estudiando y observando mi vida?

Sigamos el ejemplo de nuestro Padre Celestial.   2 Corintios 1:20 “Porque todas las promesas de Dios en él son «Sí». Por eso, por medio de él también nosotros decimos «Amén», para la gloria de Dios.”  Reina Valera Contemporánea (RVC)

 

NO DEJES DE ALABAR A DIOS

NO DEJES DE ALABAR

En Hechos 16:19 al 34 está el relato de cómo el apóstol Pablo y Silas fueron apresados, azotados y echados a la prisión por haber hecho un milagro de sanidad en una joven que tenía un espíritu de adivinación.

Pablo y Silas pasaron momentos difíciles, pues después de ser azotados los echaron dentro de una cárcel oscura y sucia y les colocaron grilletes en los pies.

¿Qué haríamos nosotras en semejante situación? ¿Qué haría yo?

Lo que hicieron estos dos prisioneros es sorprendente: decidieron alabar a su Señor y comenzaron a cantar himnos a Dios, tuvieron su propia reunión de alabanza y adoración en medio de la situación que estaban pasando de humillación y sufrimiento.

     El apóstol Pablo y Silas podían entender que no son las circunstancias las que deben motivarnos a adorar a Dios, sino que debemos adorarle porque Él es el único que merece ser alabado y adorado.

La absoluta dependencia y fe en Dios que el apóstol Pablo y Silas demostraron al alabar a Dios en medio de tanto sufrimiento, dolor y humillación, y luego su integridad al no huir (para que el carcelero no fuera castigado con la pena de muerte) hizo posible que una familia completa creyera en el Señor Jesucristo y pudiesen ser salvos.

La integridad de ellos era tan completa, que después de haberles predicado al carcelero y a su familia, regresaron a la cárcel. Fue hasta el día siguiente que los magistrados tuvieron que llegar personalmente a rogarles que salieran de la cárcel.

Este pasaje bíblico nos da una enseñanza muy valiosa, porque nos muestra que se debe alabar a Dios en todo tiempo. No solamente cuando estamos bien y sin problemas, sino que también en medio de sufrimientos y conflictos, y lo más importante es que nos enseña que es muy valioso alabar a Dios con nuestra manera de vivir y actuar, porque nuestro testimonio de vida es la mejor forma de alabarle a Él.

Por otro lado, también es necesario aprender que nuestra alabanza y adoración NO debe estar motivada por la intención de querer manipular a Dios: puesto que hay personas que piensan que primero deben alabarle y después ya pueden pedirle y así Dios contestará más rápido sus peticiones. No es así, puesto que a Dios es imposible manipularle.

Dios quiere que cualquiera que sea nuestra circunstancia, podamos levantar nuestras voces en alabanza y agradecimiento a Él, porque tenemos el privilegio de conocerle y de ser sus siervas.

3 Tu misericordia es mejor que la vida; por eso mis labios te alaban.
4 ¡Yo te bendeciré mientras tenga vida, y en tu nombre levantaré 
mis manos!”  

Salmo 63:3-4 (Reina Valera Contemporánea)

DISFRUTANDO DEL FAVOR DE DIOS

DISFRUTANDO EL FAVOR DE DIOS

 

“La misericordia y la verdad nunca se aparten de ti; átalas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón. Así hallarás favor y buena estimación ante los ojos de Dios y de los hombres”. Proverbios 3:3-4 (BLA)

Quién de nosotras no quisiera contar con el favor de Dios siempre, y aún mejor, que siempre seamos personas que ante sus ojos hallemos gracia y favor, que hagamos sonreír a Dios. De seguro lo hacemos, Él nos ha amado y siempre nos amará, no importa lo que hagamos o dejemos de hacer.

La Biblia nos habla de cómo podemos obtener esa gracia y favor no sólo delante de Él, sino también delante de los que nos rodean. Desglosemos estos dos versículos para entender, y aplicar lo que el rey Salomón nos aconseja.

Cuando se habla de “misericordia” es importante conocer exactamente lo que esta palabra envuelve, según el diccionario, misericordia es la disposición a compadecerse de los males y miserias ajenas. Este sentimiento se manifiesta en amabilidad, en ayudar al necesitado, se expresa a través del perdón y la reconciliación. Es más que un sentimiento de simpatía, es una práctica. Como seguidoras de Cristo es importante saber que es uno de los principales atributos divinos.

Cuando el rey Salomón habla de que nunca nos alejemos de la “verdad”, la verdad  que procede de Dios, que debe venir a formar parte de nosotras, exteriormente en nuestra conducta para que todos la vean como un adorno de la hermosura espiritual, e interiormente como tema de nuestra meditación personal para llegar a ser evidencia del nuevo pacto con nuestro Dios.

La misericordia es una actitud, y la verdad es el conocimiento de Dios y Su Palabra que se vuelve rema en nuestra vida, o sea la revelación específica de Dios para cada uno.

Cuando las mujeres atamos algo a nuestro cuello es para que sea visible a los ojos de todos los que nos rodean, deseamos que cuando nos colocamos un collar o una cadena con algún diseño bonito, nuestras amigas lo vean, esto es algo que queda visible el tiempo que nosotras decidamos. De la misma manera, la misericordia y la verdad, deben ser visibles todo el tiempo en nuestra vida, sin tener que conversar con alguien, el sólo hecho de estar presentes éstas dos cualidades en nuestra vida, se ven al instante. Esto posiblemente nos quiere decir el rey Salomón: “¡Vístete, muéstrate y modela estas cualidades!” y no para gloriarte tú, sino para mostrar la gloria de Dios a través de tu vida. Sé ejemplo de misericordia.

El favor de Dios se vuelve activo en tu vida cuando empiezas a ver una lluvia de abundantes e inigualables bendiciones, aunque pareciera que nada cambia, cuando estás obedeciendo a Dios, todo lo ves desde otra perspectiva, empiezas a percibir, a sentir y gozar ser agradable a sus ojos,  por la decisión que tomaste, no sólo de entregarle tu vida, sino vivir cada día para Él, según Su voluntad y la guía del Espíritu Santo.

Como consecuencia de vivir obedeciendo a Dios, obtienes lo mismo pero ahora de los seres humanos, de las personas que te rodean, de tu familia, amigos, etc.

El obtener ese trabajo que deseabas, esa ayuda de las personas en situaciones que,  aunque parezcan insignificantes, muestran el favor de Dios a tu vida, es Su gracia delante de ti, que te abre puertas, oportunidades y experiencias que jamás imaginaste vivir. Nunca dudes que el favor de Dios siempre te acompaña, por lo tanto, las personas podrán verlo en ti también, lo empiezas a modelar y la gente será atraída a ti para que tú puedas mostrarles a un Dios, que tiene para nosotras planes de bien, de esperanza, de amor y salvación eterna.

En la Biblia leemos: “Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres”.  Lucas 2:52

Busca la misericordia y la verdad día con día, vive estas verdades, no te avergüences de ser una embajadora de Su reino, créelo firmemente y aprópiate del título que Dios te ha concedido, Su favor, Su gracia, Su mano y sobretodo Su presencia te acompañarán y Él se gozará de ver tú corazón que siempre busca agradarle, servirle y amarle día con día.

“VÍSTANSE CON LA BELLEZA INTERIOR…”

vistanseconlabelleza

Nuestra sociedad ha aprendido a valorar más lo externo, esa belleza exterior, un buen cuerpo, una buena figura, un bello rostro, una forma de vestir, de peinarse, el uso de accesorios externos para llamar la atención. Es cierto que la belleza si es natural llama la atención, nadie podría decir lo contrario, pero si aprendemos a valorar lo interior cada día aprenderemos a dejar el engaño de lo exterior para poder ver más hacia adentro. Es interesante notar que la belleza esta en los ojos del que mira, y surge como un componente de aquello que valoramos en demasía.
 
“En cambio, vístanse con la belleza interior, la que no se desvanece, la belleza de un espíritu tierno y sereno, que es tan precioso a los ojos de Dios.” 1 Pedro 3:4-5
Nueva Traducción Viviente (NTV)
 
Pedro nos conduce a la verdadera belleza, la que no se corrompe por el paso del tiempo, esa que procede del interior, pues no hay belleza más agradable y placentera que aquella que se vislumbra de un ser cuyo espíritu habita en la paz y la apacibilidad de Dios.
 
”Así es como lucían hermosas las santas mujeres de la antigüedad. Ellas ponían su confianza en Dios y aceptaban la autoridad de sus maridos.” 1 Pedro 3:5
 
Parece que el mundo prefiere ir tras lo superficial, tras aquello que no nos confronta, pero la palabra es verídica y poderosa para traspasar nuestros gustos y pareceres, para ir en pos de la humildad y la sumisión que cada vez parece más retrograda y anticuada.
 
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