NECESITADAS DE DIOS



Nuestra vida es como una planta que necesita luz, agua, cuidados, un clima adecuado para poder vivir. Nosotras también debemos ocuparnos en tener los ingredientes adecuados para que nuestra vida se desarrolle en armonía.
En el libro de Eclesiastés el rey Salomón describe una serie de situaciones que en su vida él consideró importantes y al ir envejeciendo, vio lo inútil, de los extremos, (sin equilibrio), y comprendió que la vida sin Dios no tiene valor.
“Todo sucede a su debido tiempo. Sin embargo, Dios puso en la mente humana la habilidad de entender el paso del tiempo, aunque nadie alcanza a comprender la obra de Dios desde el principio hasta el fin.” Eclesiastés 3:11.
Para llevar una vida equilibrada te aconsejamos:
– Trabaja cuando sea tiempo de trabajar,
– duerme cuando sea tiempo de dormir;
– juega más, especialmente con los que amas;
– lee más libros y ve menos televisión;
– comparte tiempo con tus seres queridos, llámalos por teléfono, escríbeles;
– come alimentos saludables; toma mucha agua y sal a caminar; no pierdas el tiempo quejándote;
– sonríe más;
– no tengas muchos compromisos, tú conoces tus límites;
– ORA CADA DÍA, E INCLUYE TIEMPO PARA ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS, LEE SU PALABRA.
Hagamos una retrospectiva de nosotras mismas, miremos hacia dentro de nuestro ser y de nuestros pensamientos, ¿realmente buscas con amor lo que Dios te manda en Su Palabra? ¿Te esfuerzas por saber que demanda de ti? ¿Luchas contra ti misma por ponerla en práctica?
Hemos de volver al fundamento de nuestra vida, no es que no estemos en Jesús, es que muchas veces estamos a medias, y para estar en Jesús, para parecernos a Él, necesitamos arrancar lo que a Dios no le agrada, Gálatas 5:19-21, y hacer una nueva siembra, Gálatas 5:22-23.
Dile con tus cambios cuanto le amas no sólo de palabra sino de hechos, tu diario vivir le debe de gritar te amo, obedezco tu ley; Juan 14:15.
Por útimo, te animamos a exhortarnos unas a otras a no desalentarnos por las diferentes circunstancias o problemas por las que muchas veces nos toca pasar. Y busquemos el equilibrio en nuestra vida.

El crecimiento en la vida del creyente no puede detenerse, debe ser constante y permanente para alcanzar la madurez, porque si se detiene se puede caer en el peligro de la inmadurez. Es un proceso en el que crecemos, ¿hacia qué? Una vida diferente, una vida que agrade a Dios, una vida en la que nos parezcamos cada día más a su Hijo Jesús.
¿Qué es madurez?, en el diccionario encontramos sinónimos como: criterio, discernimiento, discreción, razón, sabiduría, prudencia, juicio, experiencia, equilibrio, seriedad, formalidad.
¿Qué es inmadurez?, juventud, precocidad, imprudencia, desequilibrio, irresponsabilidad, atolondramiento.
Podemos decir que ser mujeres maduras implica tener en nuestra vida las cualidades que se mencionan en madurez y abandonar las de inmadurez; por ejemplo: soy madura cuando respondo de la manera correcta ante alguna situación difícil, en un chisme, de manera tranquila lo evado o lo soluciono, o reacciono de manera inmadura, haciendo el chisme más grande.
En el Antiguo y Nuevo Testamento encontramos diferentes ejemplos de personas que no tenían en su humanidad, nada diferente a nosotras, sin embargo, la actitud y decisión tomada hizo una gran diferencia, como lo podemos hacer nosotras en nuestro tiempo en comparación con las personas que no conocen a Jesús.
La conducta de los siervos de Dios nos enseña acerca de lo importante que es depender de Dios, pues, cuando no se hace de esta manera cualquier cosa puede pasar, menos la voluntad de Dios.
También es importante darnos cuenta que en diferentes épocas de su vida estos siervos de Dios pasaron por momentos en que la madurez o inmadurez surgieron en su vida.
Romanos 12:1-3 dice: Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional [madurez]. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento [madurez], para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener [madurez], sino que piense de sí con cordura [madurez], conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.

La gracia es el favor voluntario, amoroso y misericordioso que da Dios a sus hijos. Viene sólo por la misericordia y el gran amor de Dios. Debemos reconocer que sólo hay un camino que nos lleva a disfrutar de esa gracia que es a través de Jesucristo.
Hoy hablaremos de cómo se manifiesta la gracia de Dios a nuestra vida.
Somos salvos por la Gracia de Dios:
Efesios 2:8 dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;”
Llegamos a ser hijos de Dios mediante la gracia inmerecida de Dios, no como el resultado de algún esfuerzo, habilidad, elección sabia o acto de servicio a otros de nuestra parte.
Sin la gracia de Dios nadie puede salvarse, en el versículo 6 de Efesios capítulo 1 en la segunda parte dice: “con la cual nos hizo aceptos en el Amado”, esto significa que Dios nos aceptó por gracia a pesar que no lo merecíamos, ahora somos llamados hijos de Dios por el sacrificio de Jesús.
Somos perdonados por la Gracia de Dios:
En el Salmo 32:1-5 El rey David expresa el gozo del perdón, Dios lo había perdonado por los pecados que había cometido con Betsabé; el perdón ha sido siempre parte de la naturaleza amorosa de Dios demostrándolo al mundo entero a través de su hijo Jesús.
Somos usados por la Gracia de Dios:
Cuando Pablo se convirtió en ministro, siervo de Dios, siempre tuvo claro que lo que él hacía era por la gracia de Dios, por eso él se describe como “menos que el más pequeño de todos los santos” con estas palabras quiere expresar que, sin la ayuda de Dios él jamás hubiera podido cumplir con la obra que le fue encomendada.
“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.”
1 Corintios 15:10
A menudo muchas personas al ver el poder de Dios actuando a través de ellas se olvidan de quién dependen y dan lugar al orgullo y la soberbia, olvidando que si no fuera por la gracia de Dios nada podrían hacer. Nuestra función es ser fieles a Dios y buscar siempre Su voluntad, siendo buenas administradoras de los dones que Él nos ha dado, no olvidando que es por gracia que podemos hacer las obras que nos ha encomendado.
De gracia recibisteis dad de gracia:
Mateo 10:5-8, Jesús enseñó a sus discípulos un principio muy importante que les sería útil para toda la vida “de gracia recibisteis, dad de gracia”, así como Dios ha derramado sus bendiciones sobre nosotras, nosotras también debemos de dar a otras con generosidad, tiempo, amor o cualquier otra ayuda.
Cuando Dios nos bendice, Él espera que nosotras podamos ser de bendición para otros y otras, que no nos aferremos a lo que Él nos da, ya que Él es el único dueño de todo cuánto poseemos, siempre tendremos la oportunidad de compartir de las bendiciones que Dios nos da cada día, no nos limitemos a experimentar tan valioso principio “de gracia recibisteis, dad de gracia”.
En conclusión: La Gracia de Dios es algo que no podemos definir exactamente, necesitamos experimentarla y la recibimos por fe, cuando recibimos a Jesús en nuestro corazón, es eso lo que nos impulsa a obedecerlo y anhelar hacer Su voluntad en gratitud por habernos dado salvación y habernos librado del castigo de la ley y de la esclavitud del pecado. Dios nos salvó para alabanza de la gloria de Su nombre.

Este tema es muy importante, porque cuando recibimos a Jesucristo en nuestro corazón y experimentamos el nuevo nacimiento en Dios, la Biblia dice que el Espíritu de Dios viene a vivir en nosotras, dejamos de ser lo que éramos y entramos al proceso de ser lo que Dios anhela.
Entonces podemos decir, que el Espíritu de Dios establece Su morada, Su casa, en cada persona que lo ha reconocido como Su Señor.
1ª. Corintios 3:16
“No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros”.
El fuego del Espíritu ¡es la presencia de Dios en nuestra vida!, el deseo, esa energía, esa pasión que siente y experimenta nuestra vida de compartir Su palabra, de entenderla y conocerla, el deseo de tener comunión, relación con la gente que también le conoce. Este mismo Espíritu, nos da la capacidad de conectarnos con el mundo espiritual, podemos ver la vida como debe ser, viendo la meta y teniendo esperanza en el resultado final dónde Dios nos espera.
¿Qué causa que perdamos ese fuego?
Descuido, pecado, frustración, soledad, enfermedad, presiones económicas y presiones familiares, con el paso del tiempo o las circunstancias que nos toca vivir, vamos perdiendo el paso, la entrega y la pasión que traíamos, pasan situaciones en medio de nosotras, en las que creemos que tenemos la razón y nos afectamos porque pensamos que las personas no nos comprenden, entonces, todo lo que sentíamos, el fuego, el amor que teníamos por la obra de Dios empieza a menguar y de esa misma manera, nosotras mismas nos sentimos conformes con hacer lo que tenemos que hacer, cumpliendo, según nosotras, nuestras responsabilidades con el Señor, si es que logramos hacer eso, existiendo también el riesgo de ponernos en pausa, nos detenemos sin razones aparentes.
Pero cómo recuperamos ese fuego del espíritu? Según el diccionario Avivar es hacer que algo arda; volver a dar vida, significa mantener encendido el fuego, no permitir que se apague. Aquí el apóstol Pablo anima a Timoteo a mantenerse y no dejar que su fuego se apague.
2ª. Timoteo 1:6 dice, “Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos”.
Para recuperar el fuego del Espíritu de Dios, debemos conectarnos a la fuente original de poder, tener comunión con Dios en oración, alabanza, adoración, lectura y meditación de la Palabra, comunión con otras cristianas comprometidas con Dios, leer un buen libro, sobre algún tema que nos enseñe algo, que nos inspire y nos edifique.
Concluyendo, avivar el Fuego del Espíritu en nuestra vida debe ser un compromiso con nuestro Padre, nosotras no podemos funcionar, apagadas o desconectadas. Debemos buscar las herramientas y levantarnos del estado en que nos hemos dejado caer y cumplir así con el propósito de Dios para nuestra vida. Y si de alguna manera hemos dejado que el fuego del Espíritu de Dios se apague en nosotras, o se está debilitando, debemos avivarlo. También debo cuidar lo que miro, cuidar lo que oigo, lo que hago y no permitir que mi corazón se entristezca por ningún motivo.