CAMBIA LA ATMÓSFERA

Por: Lcda. Breny Gómez González

Los seres humanos vivimos rodeados de un ambiente que puede estar regido por costumbres, tradiciones, principios, valores, formas de actuar y diversas formas de pensar; asimismo nos rodean cosas materiales e intangibles, cosas buenas y también cosas malas.

¿Cómo ha sido tu atmósfera? ¿Cuál es la atmósfera que has creado alrededor tuyo, o cuál es la atmósfera que te está rodeando actualmente? ¿Cómo han sido los valores o principios que rigen tu vida? ¿Han sido buenos o malos?

En la Biblia encontramos personas que fueron capaces de cambiar el entorno que los rodeaba y pudieron lograrlo con acciones y decisiones que tuvieron que tomar.

En el libro de Ester capítulo 4:1-14; Ester 7:1-6; Ester 9:1, leemos el relato de Ester, que cambió la situación de su pueblo. En ese momento el pueblo israelita estaba ante una seria amenaza de muerte que se avecinaba sobre ellos; y la reina Ester, a través de sus acciones, les salvó la vida. Ella ayunó junto con sus criadas, le pidió a todo el pueblo que ayunaran juntamente con ella para que Dios cambiara su destino y la auxiliara para tomar acciones que salvaran a su pueblo. Ester le pidió al Rey que cambiará el edicto y lo logró.

El Rey David pudo inspirar a muchos a cambiar su atmósfera, a través de su ejemplo al matar con una honda al filisteo, cuando nadie lo quería hacer. 1 Samuel 17:45-50

¿CÓMO LOGRAR ESOS CAMBIOS DE ATMÓSFERA?

¿Quieres cambiar tu atmósfera? Sigue el ejemplo de Jesús, ¿Quieres cambiar la atmósfera familiar, la atmósfera de tu trabajo y de los que te rodean en cualquier lugar? SÉ LUZ en medio de las tinieblas.

Para cambiar el entorno exterior, primero debes cambiar interiormente, porque allí en nuestro corazón y en nuestra mente es donde se gestan los pensamientos y sentimientos que nos llevan a tener acciones buenas o malas.

Si aún no has reconocido el señorío de Jesucristo en tu vida, debes aceptar a Jesucristo como Señor (Romanos 10:9-13). Cuando creemos en Jesucristo y le confesamos como nuestro único Señor y Salvador personal, Él nos perdona y nos capacita para ser libres del pecado que nos rodea.

Cuando hemos creído en el Señor Jesucristo, le obedecemos y dejamos que entre y gobierne en nuestro corazón. Él cambia nuestro interior para que también cambie nuestro exterior, es decir nuestras actitudes y palabras, y así podamos influenciar en los que nos rodean para que cambien su atmósfera.

Hechos 16:31 dice: “Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.”

Para finalizar, busca lo espiritual, alimenta tu espíritu de las cosas que son del Espíritu. Así como nuestro cuerpo necesita ser nutrido con alimentos para poder tener fuerzas y trabajar, así también nuestro interior necesita ser alimentado correctamente, para que nuestras acciones influencien a otros y así ellos también puedan ir cambiando a través de nuestro ejemplo.

Cristo es nuestro ejemplo de vida, y nosotras debemos ser imitadoras de Dios como hijas amadas y amar a los demás como Él lo hizo.

Alejémonos del pecado, porque ahora somos luz en El Señor y debemos vivir como Sus hijas para poder accionar como Dios quiere, y así podremos con una palabra y con pequeñas acciones cada día hacer la diferencia y cambiar la atmósfera donde estemos.

Que tengas una semana llena de las bendiciones de Dios. 💜🤗

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LA BONDAD

Por: Brenda de Orellana

Dios es bueno y nos creó a Su imagen y semejanza, y espera que actuemos como Él con nuestros semejantes.

A lo largo de la historia, la idea de lo bueno ha ido cambiando, se relaciona la bondad con generosidad, amabilidad y respeto, sin embargo, ser bondadosas es un valor que se transforma en muchas formas de actuar en beneficio de los demás: una palabra de ánimo, el desprendimiento de algo que puede servirle a alguien, un abrazo, un poco de nuestro tiempo para poder escuchar, aconsejar o compartir lo que Dios pone en nuestro corazón, eso hace la diferencia entre nosotras y el mundo que muchas veces vive para sí mismo y no se compadece de los demás.

La Biblia nos dice que la bondad es fruto del Espíritu Santo en nuestra vida, (Gálatas 5:22) podríamos decir que, es una cualidad externa de lo que Dios ha hecho en nosotras.

EL BUEN SAMARITANO

En Lucas 10:25-37 se nos cuenta la parábola del buen samaritano, aquí Jesús nos muestra la bondad de un hombre al salvar la vida de otro.

En la enseñanza podemos ver la mala actitud de 2 personas religiosas, y la buena actitud de un hombre originario de Samaria hacia un hombre judío herido y que, a pesar de ser originarios de ciudades rivales, fue capaz de ayudarlo. El samaritano mostró bondad y no se negó a invertir su tiempo y dinero para poder ayudarle.

En la actualidad hay muchas personas padeciendo de alguna necesidad y algunas veces como el levita y el sacerdote, nosotras también podemos tener una actitud indiferente a la necesidad de los demás, pensando en no tengo con qué ayudar, no la conozco, alguien más le va a ayudar, el samaritano tampoco conocía a esta persona, lo ayudó y lo hizo sin esperar recibir algo a cambio.

Para ser bondadosas solo debemos estar atentas y dispuestas a hacerlo, no importa si es mucho o poco, nuestro ejemplo, nuestra fuente de bondad es Dios. La Biblia dice: “Pero Dios demuestra su propio amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros”. Romanos 5:8 (NVI)

Para finalizar, practicar la bondad debe convertirse en un hábito en nuestra vida, siempre buscando el beneficio de nuestro prójimo, sin importarnos si los demás se dan cuenta o no, de esos pequeños actos que hacemos. Dios sabe y conoce nuestro corazón.

¡Dios te bendiga! 💜🤗

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LA MUJER QUE SIRVE

Por: Silvia de Soberanis

Podemos decir que las mujeres casi siempre estamos sirviendo: a nuestra familia, amigos o vecinos, etc.; aunque la motivación para servir puede ser diferente en cada persona.

Hay quienes sirven para obtener un beneficio, por distinguirse de los demás, o bien, porque es parte de su trabajo, pero también hay personas que lo hacen por gratitud a Dios, por lo que Él ha hecho en su vida, por el amor recibido, por la obra que el Espíritu Santo ha hecho en ellas cambiando su vida para bien; ellas desean servir a Dios genuinamente.  

Independientemente de la razón o motivación que tengamos, con frecuencia el servicio o trabajo que se hace bajo autoridad de alguien es considerado como que: la persona que sirve está en un nivel más bajo, pero en el Reino de Dios funciona diferente, es lo opuesto: si quieres ser grande debes servir.

Encontrar nuestro propósito a través del servicio que hacemos nos permite enfocarnos: en a quién servimos y por qué lo estamos sirviendo.

¿CÓMO PUEDO SERVIR A OTROS?

Cada una de nosotras tiene que estar atenta en el lugar que Dios la ha puesto, para reconocer esas necesidades de servicio.

Para servir a Dios en las oportunidades que tenemos, debemos tener claro que Él demanda que seamos: cumplidas, honradas, veraces, responsables, etc.

Dios va a poner delante de nosotras diferentes situaciones para servirle: personas en el trabajo, familiares, vecinos, y en cada momento tenemos que recordar qué dice la Palabra de Dios para hacer y/o servir en cada una.

En ese ámbito de servicio, hay tres aspectos en los que podemos servir, aspectos en los que Dios se va a manifestar a través de nosotras:

El amor de Dios: porque hay personas que solo necesitan que les demos un abrazo, una palabra de ánimo, una palabra de esperanza.

  • El conocimiento de Dios: hay muchas personas que necesitan conocer a Dios y podemos servirles compartiéndoles lo que dice la Palabra de Dios, para que puedan conocerlo y llegar a tener una relación personal con Él.
  • El Poder de Dios: en algunos casos la persona tiene algún problema, por ejemplo, de salud, y posiblemente no sepamos qué es, pero nos atrevemos a orar creyendo lo que la Biblia dice, Lee Juan 14:12.

Tenemos que ser determinadas en nuestro servicio. A nuestro alrededor hay personas necesitando una manifestación del amor, del conocimiento y poder de Dios.

En algunas ocasiones, decimos: “No tengo tiempo”, “No sé qué puedo hacer”, “No tengo ninguna habilidad especial para servir”. Pero lo que realmente nos debe animar es que Dios no llama a los equipados, Él equipa a los llamados.  Leemos en la Biblia que Dios usó a hombres y mujeres para cambiar el curso de la historia, y sin duda alguna también puede usarnos a nosotras.

Servir a Dios a través de lo que Él ha preparado para que hagamos, tiene recompensa, el apóstol Pablo escribió: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”. 1 Corintios 15:58 

¡Dios te bendiga!

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HABILIDADES

Por: Lcda. Eunice Sabaján de Calderón

Podemos decir que nuestras habilidades son aquellas cosas para las que somos buenas. Pero ¿conoces tus habilidades? ¿Las cultivas? Debes saber que Dios te dará la oportunidad para que uses las habilidades que te ha dado en el momento preciso.

Las habilidades pueden ser aprendidas, pero también algunas nacemos con mucha destreza para jugar algún deporte, para hacer nuevas amistades, hábiles para la decoración, para cocinar, mujeres con la habilidad de entender, escuchar y compartir los sentimientos ajenos, etc.

Las habilidades se clasifican en tres áreas:

a. Habilidades Cognitivas: abarca el área de los procesos mentales como la atención, razonamiento, autoconciencia, etc.

b. Habilidades Sociales: comprende trato con los demás, comunicación, escuchar, iniciar y mantener una comunicación, empatía, etc.

c. Habilidades Físicas: son las que requieren manejo coordinado del cuerpo, como deporte, baile, y otras actividades físicas.

Ahora, hagamos un ejercicio: escribe una lista de 5 cosas que se te facilite realizar. De esas 5 cosas, escoge 3 en las que seas mejor. Toma 1 de esas 3, y fíjate que tú misma sabes que eres realmente muy hábil en eso. Esto nos lleva a la siguiente pregunta:

¿CULTIVAS TUS HABILIDADES?

Cultivar o practicar una habilidad tiene que ver con realizar una tarea o un trabajo que deseamos o necesitamos hacer y hacerlo muchas veces. Cultivar una capacidad también se relaciona con tener el cuidado de aprender técnicas, maneras, formas y practicar, practicar, practicar y practicar. La repetición de la misma actividad es lo que forma a un experto.

En 1 Samuel 17:34-36 encontramos a David describiendo lo que era su quehacer del día a día. Encontramos que en varias ocasiones tuvo que enfrentarse en defensa de sus ovejas. Sabía que podía hacerlo, porque no lo había hecho una sola vez.

Imaginemos a David cuidando de su rebaño, practicando cómo ahuyentar a las fieras, ejercitándose en la lucha, haciendo una y otra vez el tiro con honda.

Las destrezas que posees son regalos del Creador para tu vida y para la vida de quienes te rodean.

Esa habilidad que poseemos para desempeñarnos en cierta área viene del Todopoderoso, así le ha placido a Él.

Proverbios 1:5 en la versión NBLA dice: “El sabio oirá y crecerá en conocimiento, Y el inteligente adquirirá habilidad”.

David pudo aprovechar la oportunidad que Dios le dio con las habilidades que había recibido de Él y que había perfeccionado.

Nosotras también podemos cultivar, o practicar nuestras habilidades, y formarnos como una Nueva Mujer diestra y capaz, aprovechando las oportunidades que Dios nos da.

Para finalizar, la Organización Mundial de la Salud dice que hay habilidades que debemos practicar diariamente, entre ellas están: Manejo de la tensión y estrés, el Manejo de emociones y sentimientos, el Manejo de conflictos, la Comunicación eficaz, el Autoconocimiento, Empatía y la Toma de decisiones.

Esto puede ser un reto en nuestra vida, porque si conocemos, cultivamos y buscamos las oportunidades para usar las habilidades que Dios nos ha dado, generalmente, pensamos en las habilidades o destrezas que son prácticas, como cocinar, bordar, etc., pero es muy importante también que todos los días decidamos usar o desarrollar estas habilidades que menciona la Organización Mundial de la Salud, porque nos ayudan a enfrentar las situaciones diarias que vivimos.

¡Dios te bendiga! ¡Feliz semana! 🤗💜

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FE

Por: Flor Camacho

Es la misma Biblia que define a la fe, como confianza; la podemos encontrar en el Antiguo y en el Nuevo Testamento.

En Hebreos 11:1 dice: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.

Vemos muchas historias en la Biblia, acerca de hombres y mujeres que no tenían nada más en qué confiar, sólo la Palabra de Dios, Abraham, llamado el padre de la fe, Moisés, Noé, Ruth, Ester, Pablo, entre otros.

Las promesas de Dios eran tan importantes para ellos que su vida giraba alrededor de ellas, en Hebreos 11:8 leemos: “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba”.

También dice: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. Romanos 10:17.

Nosotras debemos conocer lo que la Palabra de Dios dice, porque ahí, Él nos revela Su voluntad cuando meditamos en ella.

JESÚS EL AUTOR DE LA FE

El modelo por excelencia de fe es Jesús, el escritor del libro de los Hebreos nos anima a caminar la vida cristiana: “puestos, los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios.” Hebreos 12:2 LBLA.

Esto nos muestra el gran amor de nuestro Padre Eterno al enviar a Jesús a morir en la cruz por nosotras para el perdón de los pecados, y para tener fe, que ahora podemos entender que es para ser de testimonio a los demás.

“por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos…” Hebreos 11:2

El capítulo 11 de Hebreos nos muestra cómo la vida de cada uno de estos hombres y mujeres de Dios se regía por fe, ellos creían lo que Dios les decía, aunque algunas promesas estuvieran muy distantes en el futuro.

EL JUSTO POR LA FE VIVIRÁ

En Habacuc 2:4 leemos: “He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá”.

Las personas que son orgullosas confían en ellas mismas, pero las que hemos creído en Jesús persistiremos hasta alcanzar Sus promesas.

Tener fe debe ser parte de nuestra manera de vivir.

“Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones”. Gálatas 3:6-8.

Para finalizar, la fe no es “sólo creer” que todo va a estar bien. La fe es tener la seguridad de que las promesas de Dios son verdad y se van a cumplir, no porque lo merecemos, sino porque ponemos nuestra esperanza en nuestro mediador Jesús, autor y consumador de la fe y Su voluntad se cumple en nuestra vida, aun cuando no lo entendemos, es por Su misericordia.

Fe en que Dios hace que todas las cosas nos ayuden para bien, a las que conforme a su propósito somos llamadas. (Romanos 8:28 parafraseado)

Oremos por la revelación de fe en cada Nueva Mujer. “Porque sin fe es imposible agradar a Dios…” Hebreos 11:6

Dios te bendiga 💜🤗

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