DIOS TE APRUEBA

DIOS TE APRUEBA

La gran mayoría de nosotras, en casi todas las cosas que hacemos, buscamos obtener la APROBACIÓN de alguien más, es una necesidad escuchar que lo que hicimos está bien, ¡Felicitaciones! ¡Lo lograste!, pueden ser frases que nos animan, nos hacen sentir hábiles y muy inteligentes.

Sin embargo, en medio de la necesidad de ser reconocidas y aprobadas, algunas veces se nos olvida que el único que realmente puede aprobarnos es Dios, nadie nos conoce mejor que Él, y Él nos ama, nos acepta como somos.

Dios dio a Su Hijo por nuestra vida para limpiar nuestros pecados, sin embargo, nos da libre albedrío para que nosotras por nuestra voluntad decidamos obedecerle, es decir, sin presiones, ni amenazas. Nosotras podemos buscar o rechazar esa aprobación.

Dios nos dio dones y habilidades para usarlos en beneficio de Su pueblo y para Su Gloria, para eso fuimos creadas. Isaías 43:7 dice: “todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice”.

Lo que cada una de nosotras está llamada a ser y hacer, nadie más puede hacerlo. Él nos ama eternamente y nos aprueba cuando hacemos Su voluntad. Él espera que seamos transformadas de acuerdo a Su Palabra.

Nuestra vida debe ser la prueba de que somos cristianas, Nuevas Mujeres, que estamos en el proceso de parecernos a Él y que el sacrificio de Jesús valió la pena.

2 Timoteo 2:15 dice: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse que usa bien la palabra de verdad”.

Oramos para que esta reflexión sea de edificación para ti. ¡Compártela!

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LIMPIAS POR LA PALABRA

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Cuando Jesús estaba próximo a ser arrestado tuvo una conversación con sus discípulos y entre otras cosas Él les dijo estas palabras: “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.” Juan 15:3

La Palabra que Jesús les habló a sus discípulos durante todo el tiempo que ellos le acompañaron en su vida terrenal les limpió, y los hizo limpios principalmente porque les cambió su manera de pensar y al mismo tiempo les enseñó a distinguir entre el bien y el mal.

Efesios 5:25b-27 dice que “…Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.”

En estos versículos el apóstol Pablo está explicando a los de la iglesia de Éfeso, que la Palabra purifica al creyente y la mejor forma de darles un ejemplo fue decirles que Cristo santificó a Su iglesia “purificándola al lavarla con la Palabra” pues así les quitó toda mancha que pudieran tener.

Es por eso que la persona que lee y medita diariamente en la Palabra de Dios, al mismo tiempo que la lee, también debe estar reflexionando en cómo aplicar a su propia vida lo que está leyendo.

La Palabra de Dios no debe leerse apresuradamente, debe meditarse y reflexionar en ella, para que al leerla, ella nos muestre en qué área de nuestra vida necesitamos ser limpiadas y así se produzca en el creyente, el deseo de mantenerse en esa santidad que Cristo alcanzó para nosotras, pues estos versículos dicen que Cristo nos amó y se entregó a Sí mismo por nosotras, para que fuésemos santas.

Concluyendo, perseveremos en la lectura de la Palabra de Dios, para distinguir entre el bien y el mal, para alumbrar con la luz de su Palabra a nuestro entorno y poder proclamar las Buenas Nuevas de salvación y vida eterna a toda criatura.

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LA GRACIA DE DIOS EN TU VIDA

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Efesios 2:8 “Ciertamente la gracia de Dios los ha salvado por medio de la fe. Ésta no nació de ustedes, sino que es un don de Dios;” RVC
 
Si pensamos por un momento en donde acostumbrábamos estar antes de conocer a Jesús y dónde nos encontramos hoy, si Dios no hubiera entrado a nuestra vida con Su gracia, ¿cuál sería nuestra condición actual?, pero Dios ha sido bueno y fiel con nosotras. Es bueno meditar en esto y estar agradecidas por lo que Él ha hecho.
Cuando la gracia de Dios está en nuestra vida, suceden cosas sorprendentes, algunos ejemplos:
• Ser agradable a otras personas, amigos y aun aquellos que no conocemos.
• Él permite que por Su gracia nos favorezcan con un trabajo, aun viendo el entorno y algo imposible de adquirir.
• Puertas son abiertas para cubrir cualquier necesidad.
• Cuando estás haciendo fila en banco, y te dan espacio inmediatamente.
• Recibimos Su misericordia: Hebreos 4:16 dice: “Por tanto, acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para cuando necesitemos ayuda.” RVC
 
En conclusión, vivir bajo la gracia o favor de Dios no es más que aceptar ese regalo inmerecido de Salvación y gozar de una vida plena.
 
La gracia de Dios no opera por lo que hacemos o dejamos de hacer, lo que sí debemos practicar es la obediencia a la Palabra de Dios, ser luz y sal y buscar la santidad en nuestra vida. Así como María, Ester, Pablo y otros personajes de la Biblia, tenían un llamado de Dios, así hoy a cada una de nosotras también, Dios nos ha comisionado a llevar las Buenas Nuevas de Salvación, como lo realizó Pablo cuando fue transformado por la Gracia de Dios.
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SACIA TU SED

SACIA TU SED

 

Jesús dijo: “…Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.” Juan 7:37-38.

Así como el agua es normal para nuestra vida y no podemos vivir sin ella, Jesús nos ofrece esa agua porque desea cubrir todas nuestras necesidades.

Reflexiones acerca de Juan 4:1-41

Samaria, era una nación compuesta por personas de origen judío, pero que, en años anteriores, se habían mezclado con los conquistadores asirios. Y habían desarrollado una religión en que se combinaba la idolatría pagana con el culto de Dios.

Una mujer de la cual no sabemos su nombre, pero se le conoce como la Samaritana, iba todos los días a buscar agua al pozo. Jesús se fijó en ella. Y para llamar su atención comenzó presentándole su propia necesidad: “dame de beber” (Juan 4:7). La mujer reaccionó sorprendida por la conducta del Señor Jesús para con ella.

Después que Jesús le da a conocer quién era, enfocó su sed en la realidad personal que ella vivía. Lee Juan 4:16-18.
El Señor Jesús conoce cada aspecto de nuestra vida con detalles.

Como puede ocurrir con nosotras, ella no quiso que pusiera en evidencia su vida íntima, desvió la conversación, sin embargo, la luz empezó a alumbrar ante aquella mujer. Nótese como iba conociéndole:
• Primero se refería al Señor Jesús como judío. (4:9)
• Luego lo llamó Señor. (4:11)
• Después lo identifica como un profeta (4:19) por el conocimiento que Él tenía de ella.
Ella esperaba al Mesías (4:25), fue entonces cuando ella recibió la confesión más hermosa que Él haya podido darle a cualquiera de sus discípulos. (4:26) “ Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.”

Muchas veces queremos evadir la llamada de atención del Señor Jesús con respecto a nuestra conducta. Tratamos de buscar faltas en otras personas y no queremos vernos a nosotras mismas, sin percatarnos que El Señor Jesús está presente para perdonarnos, amarnos y continuar nuestro camino sin poner sobre nosotras el dedo acusador, además cubrir cualquier necesidad que estemos enfrentando de cualquier índole.

La mujer Samaritana dejó fluir ríos de agua viva…

Ella olvidó sacar agua del pozo, dejó el cántaro y se fue a la ciudad y anunció a la gente de su pueblo su encuentro con el Mesías. Ella creyó, bebió el agua viva e inmediatamente se convirtió en una fuente para saciar a otros. El resultado inmediato fue que ellos fueron a buscar a Jesús (Juan 4:30). Llegaron y creyeron en Él por el testimonio de ella (4:39) y por la palabra de Jesús mismo (4:41) que le había perdonado.

En conclusión, el Señor Jesús sigue interesado en toda persona sedienta de Él. Está interesado en ti. ¿Has bebido del agua Viva?

Pidamos al Señor Jesús que salgamos como la Samaritana a contar de la fuente inagotable y así bendeciremos a otras mujeres.  

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ENVIDIOSA, ¿YO?

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Envidiar es querer lo que tiene otra persona, es sentir dolor y muchas veces rabia por lo que otras han logrado o por lo que nosotras aún no hemos alcanzado.

Todas tenemos metas y sueños, y podemos optar por admirar o envidiar a las personas que los han logrado; la envidia es la reacción tóxica de esa admiración, ésta te hace desear lo que la otra persona tiene y, en consecuencia, tienes el impulso de dañar o quitar lo que otro posee.

En la Biblia en Eclesiastés 4:4 nos dice: “He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu”.

¿SERÉ ENVIDIOSA?:

Romanos 12:3 “…ninguno se crea mejor de lo que realmente es. Sean realistas al evaluarse a ustedes mismos, háganlo según la medida de fe que Dios les haya dado.” (NTV)

La envidia puede iniciar con un pequeño pensamiento: ¡No es justo!, ¿Quién se cree que es?, ¿Por qué siempre ella?, los pensamientos por pequeños que sean pueden desviarnos del deseo profundo de nuestro corazón y el propósito de Dios para nuestra vida. Si consideramos el consejo del apóstol Pablo, podemos iniciar evaluándonos y creyéndole a Dios en todo lo que Él dice de nosotras.

PASOS SENCILLOS PARA SALIR DE LA ENVIDIA:

a. Ten fe en lo que Dios dice de ti y en ti misma.
b. No te metas en la vida de nadie, deja de mirar a los demás.
c. No te engañes, no existe la “envidia buena” ni la “envidia santa.
d. Sé una mujer agradecida.
e. Fomenta una buena relación con Dios.

Concluyendo, la envidia es un pecado que también nos impide heredar el reino de Dios, y como Nuevas Mujeres, porque hemos nacido de nuevo, debemos quitar ese pecado que afecta nuestra relación con Dios, y que lastima a todas las personas a nuestro alrededor y a nosotras mismas.

Lee lo que dice la Biblia acerca de las obras de la carne en Gálatas 5:19-21.

En su lugar, debemos procurar el fruto del espíritu del que habla la Biblia: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza.

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