REVERDECE




Jesús dijo: “…Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.” Juan 7:37-38.
Así como el agua es normal para nuestra vida y no podemos vivir sin ella, Jesús nos ofrece esa agua porque desea cubrir todas nuestras necesidades.
Reflexiones acerca de Juan 4:1-41
Samaria, era una nación compuesta por personas de origen judío, pero que, en años anteriores, se habían mezclado con los conquistadores asirios. Y habían desarrollado una religión en que se combinaba la idolatría pagana con el culto de Dios.
Una mujer de la cual no sabemos su nombre, pero se le conoce como la Samaritana, iba todos los días a buscar agua al pozo. Jesús se fijó en ella. Y para llamar su atención comenzó presentándole su propia necesidad: “dame de beber” (Juan 4:7). La mujer reaccionó sorprendida por la conducta del Señor Jesús para con ella.
Después que Jesús le da a conocer quién era, enfocó su sed en la realidad personal que ella vivía. Lee Juan 4:16-18.
El Señor Jesús conoce cada aspecto de nuestra vida con detalles.
Como puede ocurrir con nosotras, ella no quiso que pusiera en evidencia su vida íntima, desvió la conversación, sin embargo, la luz empezó a alumbrar ante aquella mujer. Nótese como iba conociéndole:
• Primero se refería al Señor Jesús como judío. (4:9)
• Luego lo llamó Señor. (4:11)
• Después lo identifica como un profeta (4:19) por el conocimiento que Él tenía de ella.
Ella esperaba al Mesías (4:25), fue entonces cuando ella recibió la confesión más hermosa que Él haya podido darle a cualquiera de sus discípulos. (4:26) “ Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.”
Muchas veces queremos evadir la llamada de atención del Señor Jesús con respecto a nuestra conducta. Tratamos de buscar faltas en otras personas y no queremos vernos a nosotras mismas, sin percatarnos que El Señor Jesús está presente para perdonarnos, amarnos y continuar nuestro camino sin poner sobre nosotras el dedo acusador, además cubrir cualquier necesidad que estemos enfrentando de cualquier índole.
La mujer Samaritana dejó fluir ríos de agua viva…
Ella olvidó sacar agua del pozo, dejó el cántaro y se fue a la ciudad y anunció a la gente de su pueblo su encuentro con el Mesías. Ella creyó, bebió el agua viva e inmediatamente se convirtió en una fuente para saciar a otros. El resultado inmediato fue que ellos fueron a buscar a Jesús (Juan 4:30). Llegaron y creyeron en Él por el testimonio de ella (4:39) y por la palabra de Jesús mismo (4:41) que le había perdonado.
En conclusión, el Señor Jesús sigue interesado en toda persona sedienta de Él. Está interesado en ti. ¿Has bebido del agua Viva?
Pidamos al Señor Jesús que salgamos como la Samaritana a contar de la fuente inagotable y así bendeciremos a otras mujeres.
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Reflexionemos…
Salmos 19:7 dice: “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo”.
La Biblia es la Ley, que puede convertir nuestra vida si nos sometemos a ella.
En el libro de Salmos 103:1-2 leemos: “Bendice, alma mía, a Jehová, Y bendiga todo mi ser su santo nombre”. Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios”.
Cuando el rey David le decía a su alma “bendice alma mía a Jehová” la estaba entrenando, le estaba ordenando que se sometiera a la voluntad de Dios y que no olvidara los beneficios, que él sabía que tenía. (Sanidad, liberación, favor, misericordia, alimento, etc.)
La ley de Dios, la Biblia, presenta una clara descripción de la naturaleza de Dios y Su voluntad, por lo tanto como sus hijos debemos obedecerla.
Cuando nuestra alma no se somete a la voluntad de Dios, puede ser presa fácil de trastornos como: tristeza (no controlada), amargura, desánimo/pereza, depresión, enojo/ira, soledad, entre otros.
Veamos algunos beneficios al cumplir la ley de Dios:
• Convierte el alma. Salmos 19:7
• Alumbra nuestro camino. Salmo 119:105
• Nos da paz. Salmo 119:165
• Nos hace sabios. Proverbios 2:6, Santiago 1:5.
En conclusión, la Palabra de Dios no es simplemente un libro o revista, sino que, es como el bisturí de un cirujano, revela lo que somos y lo que no somos, discierne los pensamientos y las intenciones del corazón, (Hebreos 4:12b) distingue lo que está dentro de nosotras tanto lo bueno, como lo malo, no solo debemos oírla o leerla, sino que también debemos permitir que moldee nuestra vida, y que podamos decir como el salmista. “Amo tu ley”.
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